Paco Buiza
Parece que fue ayer, cuando paseaba por la calle de la Feria, calle singular donde las halla, calle estrecha y ancha, son sabores a mostos de tabernas por sus aceras y humos calenteros de Maria allá por Montesion, requiebro de veletas al aire, por sus conventos y preñada de adoquines de acero a la salida del sol por la plazoleta de los carros, calle del Jueves por esencia, puestos donde se cambiaban botellas vacías por globos a los chavales en el numero 23 donde Josele tenia su reino, puertas de madera por Cobalea, Tabaco que vendía Pastora, herrajes y forjas de hierro por el numero 14 y olor a cuero por Casa Carrera y vinos de manzanilla por Vizcaíno.
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Pues allí precisamente en su numero 1, existía la Casa de los Artistas, ángulo prodigioso entre calle de la Feria y suspiro de San Juan de la Palma, que esta cerrada y en plena restauración.
Lo recuerdo como si lo estuviera viviendo en una regresión total a los años 55, pues nada mas entrar a mano izquierda, aparecía el taller de Paco Buida, imaginero de lujo de nuestra Sevilla.
Paco Buiza, al que tuve la suerte de conocer y charlar muchas horas con el, era un hombre con un carácter fortísimo, capaz de la belleza celestial que salían de sus manos y la contestación mas irreverente del mundo en su discurrir diario.
Tenia la cadera lesionada, por una caída de su moto Vespa, y obligado a llevar bastón de por vida, siempre llevaba una cubana de color celeste o beige y su paquete de Goya en su bolsillo.
Paco había nacido en el pueblo de Carmona, se inicia en el taller de Francisco Vélez y un poco mas tarde bebe en las fuentes de Sebastián Santos, era un autentico enamorado del los imagineros del siglo XVII, y se le caía la baba, cuando hablaba de su Maestro y de otros dos que fueron sus timones en el cansino golpear de las gubias, Martínez Montañés y Juan de Mesa, casi na.
Su pequeño estudio, lleno de genialidades, bocetos y barros tallados, eran la delicia de unos ojos juveniles que se abrillantaban ante la belleza que contemplaba, en cada puntilla o alcayata, había una cara de angelotes, unas manos por hacer, uno boceto de un crucificado, detalles de anatomía, dibujos a carboncillo y rizos de madera por doquier.
Se ponía delante de la madera sacada de punto, y la miraba y remiraba durante horas y horas, como si la estuviese gubiando con su mente y sacando cada lasca de la madera a golpe de vista, era como tallar virtualmente la imagen, como intentar quitarle lo que le sobraba, para que apareciese la imagen soñada.
No todos los días el artista Buiza estaba con el duende, a veces no hacia nada y eso traía de cabeza a las hermandades que le hacían sus encargos, sino preguntárselo a la Junta de Gobierno de San Benito, que no murieron de un infarto por las fechas de entrega de su Cristo de la Sangre, talla que pude verla hacer paso a paso.
Mientras su boca a veces despotricaba, era capaz a la vez de parir de sus manos los mejores angelotes de la nomina cofradiera para adornar sus esquinas, Ángeles gorditos y guapos como querubines, y eso tal vez se debió a que al no tener hijos tenia a esos Ángeles como parte de su legado.
De sus manos salieron, Dolorosas y Crucificados, imágenes de advocación de Gloria, y Santos venerados en pueblos de nuestra Andalucía como Patronos de ellos.
Una de sus tallas finales fue quizás el Resucitado entonces de San Luis que lo pude ver hacer paso a paso hasta terminar con la Policromía, verdadera alquimia del autor.
Su obra fue muy extensa, viva y de gran trascendencia para el siglo XX de Sevilla y Cádiz, donde fueron la mayoría de sus obras.

Querido Paco un abrazo desde la otra Gloria llamada Sevilla.
Autor: Carlos Valera Real


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