Resumen de la Madrugá
Una Madrugada espléndida.
Fría, pero espléndida. Gélida como no se recuerda en mucho tiempo, pero igualmente una de las más completas de los últimos años.
Demasiado acostumbrados estábamos a relatar incidentes de jóvenes descontrolados, reyertas, botellonas en lugares poco adecuados o incluso alguna ausencia por mor de la incertidumbre meteorológica.
En la Madrugada de este año hay poco que contar. O mucho, según se mire. Salieron todas, el Gran Poder volvió a rachear, la Macarena marcó de nuevo sus tiempos en la calle Feria y Triana puso boca abajo la Campana. Lo que es una Madrugada de toda la vida.
Incertidumbre inicial
Aunque la triste tarde del Jueves deja la incertidumbre en el aire. En la plaza de San Lorenzo hay muchos en las sillas que apuestan a que el Señor de Sevilla no se mostrará en su verdadero rostro a los sevillanos. Opinan igual muchos de los que forman la bulla de San Antonio Abad una hora antes de que salga la cofradía.
La radio anuncia en ese momento nueve grados de temperatura. En las primeras horas no hace el frío que anunciaba la tarde, pero es noche de abrigos y de bufandas. Quizá por el frío y quizá por las dudas, la calle Jesús del Gran Poder está prácticamente vacía a tres cuartos de hora de la salida del Señor.
No ocurre igual en la esquina de Conde de Barajas, donde los más listos han montado su propia tribuna con varias filas de sillas al más puro estilo Campana que ni siquiera deja pasar a los últimos nazarenos negros que quieren alcanzar la basílica.
Todas a la calle
Pero el Gran Poder sale y con Él, el gran estreno de esta Semana Santa, el rostro ante el que rezaban nuestros abuelos, como decían los expertos cuando los Cruz Solís acabaron su restauración.
Diez minutos después sale El Silencio. Faltan aún tres cofradías, pero la Madrugada ya es completa. No es seguro que llueva si estas dos cofradías no salen, pero es seguro que no llueve si salen. A esa hora, la Sentencia de Cristo revira, costero a costero, para entrar en Feria y en Pureza se improvisa un concierto de marchas de las tres bandas para calentar a la gente.
El termómetro sigue bajando. Y todavía no hay mucha gente por las calles. Evidentemente, Resolana, Pureza, San Lorenzo y Verónica no cuentan. Cuentan la plaza del Duque, el Arenal, la calle Francos, el Salvador. Y por ahí no hay casi nadie cuando poco antes de las dos suena Pasa la Macarena en el atrio de la basílica para celebrar el centenario del nacimiento de Pedro Gámez Laserna. El suave trío de la marcha brinda un primer paseo de la Esperanza sencillo, sobre los pies. La esencia de Antonio Santiago, al martillo del dragón.
Esperanza de Triana Coronada y A ti, Manué ponen en la calle los dos últimos palios con música que faltan. En la calle Francos se empieza a concentrar algo de gente para ver El Silencio. Tres jóvenes sentados en el suelo matan el tiempo con un sudoku. Nuevas formas de esperar una cofradía.
El estreno
Al Gran Poder, a las cuatro y media de la mañana, cuando pasa por la calle Castelar, sólo le falta el vaho que sale de las gargantas de los pocos que están a su alrededor. La bulla espera en el Molviedro, desconocedores de que la calle Castelar es uno de los mejores puntos para ver al Señor de Sevilla, caminar junto al paso y apreciar sin apreturas sus detalles.
Con la sola luz de los cirios de sus faroles, en el nuevo rostro del Señor no se aprecia el tono verduzco de la corona, ni los nuevos regueros de sangre, ni siquiera la oreja que dicen que estaba escondida tras la suciedad. Sólo se aprecia el dramatismo de una imagen que parece que va a hablar de un momento a otro y que se sabe que no respira porque no emite el vapor que sí desprenden los ateridos cuerpos que están en el suelo, embobados unos, con la cámara de fotos o el móvil otros.
Una mujer utiliza el zoom de su cámara y fotografía solamente los ojos del Señor. Un gusto excelente.
La Macarena entra en la Campana con unos minutos de adelanto. Estamos en el ecuador de la noche, pero sólo la Virgen levanta los aplausos, la gente está todavía muy fría. Pasa el Calvario. Entra el Silencio y llega Triana a la carrera oficial. Se acabó el frío.
El Señor de las Tres Caídas hace su particular interpretación del andar costalero y la Virgen deja Esperanza de Triana Coronada para su entrada en Sierpes y sorprende con otras marchas.
Ya hay gente esperando la cofradía en el Postigo, jóvenes sentados a los que apenas se les ve el rostro, tapados por las mantas, las bufandas y los abrigos. A las seis y media se alcanza la mínima de la noche, 4,4 grados. No se recuerda tanto frío en una Madrugada. Tampoco se recuerda que a esta hora no se haya anunciado ya alguna que otra pelea.
A las siete y media clarea. El amanecer dura lo mismo que tarda en entrar el Calvario. Las primeras luces se ven por la Encarnación cuando la cruz de guía entra en la Magdalena y ya es prácticamente de día, cuando el manto de la Presentación dice adiós. Con el sol en todo lo alto, la Macarena recupera su recorrido por la calle Amargura,
Los Gitanos cambian la calle Pinto por Gallos y la Esperanza de Triana repite ovaciones en el Baratillo. Una Madrugada como las de antaño. Sin peleas, sin botellonas, sin los temidos aficionados del Tottenham.
Sólo cofradías. Y todas.


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